Serie: Cuentos tradicionales de Japón
Título: Una carpa enseña una lección de perseverancia.
Episodio:3
Autor: Richard Gordon Smith
Narración: Antrilewis
Edición y montaje: Antrilewis
Texto:
«Cuando Rosetsu llegó a la escuela de Okyo era, con mucho, el más desganado e incapaz de todos los discípulos con los que el célebre pintor hubiera tenido que lidiar nunca. Su aprendizaje era tan lento que los alumnos que habían llegado a la escuela un año después pronto lo aventajaron. Era ese tipo de alumno más aplicado que brillante, que tiene que trabajar muy duro, mucho más que los demás, y que algunas veces parece ir hacia atrás en lugar de hacia delante, como si los mismos dioses estuvieran en su contra. Siento la más profunda simpatía hacia Rosetsu. Yo mismo cuando escribo siento que soy malo, y cuanto más escribo, mayor es mi certeza de lo mal que lo hago. En cambio, Rosetsu alcanzó por fin la maestría gracias al ánimo que le proporcionó contemplar la perseverancia de una carpa.
Muchos de los alumnos que habían entrado en la escuela de Okyo después de Rosetsu la habían dejado ya tras haberse convertido en unos pintores ciertamente buenos. El pobre Rosetsu era el único que no había conseguido progreso alguno en tres años. Tan desconsolado se encontraba, y tan pocos ánimos le ofrecía su maestro que, al final, una tarde, triste y abatido, habiendo renunciado a toda esperanza de llegar a ser un gran pintor, abandonó la academia sin decirle nada a nadie, con la intención de volver a su casa o de matarse por el camino. Marchó a pie durante toda la noche, pero cuando se encontraba prácticamente a medio camino, se derrumbó sobre la nieve, bajo los pinos, vencido por el hambre y el sueño.
Unas horas antes del amanecer se despertó, sintiendo unos extraños ruidos a no más de treinta pasos de donde se encontraba. Como no podía distinguir de qué se trataba, se incorporó, escudriñando consternado el lugar de donde provenía aquel sonido como de salpicaduras de agua. En cuanto clareó un poco, Rosetsu descubrió que el sonido era producido por una carpa de gran tamaño que saltaba una y otra vez fuera del agua tratando de alcanzar un trozo de sembei abandonado sobre la superficie helada de un estanque próximo a donde él se encontraba. Durante cerca de tres horas el pez estuvo saltando de esta manera sin conseguir nada, cortándose y golpeándose contra los bordes del hielo mientras la sangre fluía allí donde había perdido las escamas. Rosetsu observó su persistencia con admiración. El pez lo intentaba por todos los medios imaginables. Algunas veces atacaba con resolución la placa de hielo donde la galleta reposaba, cargando directamente de abajo arriba; otras veces daba un gran salto en el aire, con la esperanza de ir rompiendo al caer trocitos de hielo hasta alcanzar la sembei. Y de hecho fue de esta manera como la carpa pudo obtener su premio; sangrando y herida, su obstinada perseverancia se había visto recompensada.
Rosetsu, vivamente impresionado, reflexionó de este modo mientras veía cómo la carpa se alejaba con su premio: «Sí», se dijo a sí mismo, «esto me ha servido de lección. Seré como esta carpa y no regresaré a casa hasta que haya alcanzado mi propósito. Mientras tenga un hálito en mi cuerpo, no cejaré en mi empeño. Trabajaré, más que antes, y no importa si no consigo progresos, continuaré con mi trabajo hasta alcanzar mi propósito o moriré en el intento».
Tras tomar esta decisión, Rosetsu entró en el templo más cercano y rezó por su éxito; asimismo, agradeció a la deidad local haber sido capaz de ver mediante la perseverancia de la carpa el camino que debía seguir en la vida.
Finalmente, Rosetsu regresó a la escuela y, tras contarle a su maestro Okyo la historia de la carpa, le confesó su determinación. Okyo se alegró enormemente al oír la historia y ayudó en todo lo que pudo a su alumno. Esta vez Rosetsu progresó hasta convertirse en un pintor famoso, el alumno más aventajado que Okyo jamás hubiera tenido. De hecho, llegó a ser tan bueno como su maestro, y acabó convirtiéndose en uno de los mejores pintores de Japón.
Rosetsu adoptó como símbolo la carpa que salta.»